La revolución cantonalista de 1873 aporta a la memoria histórica nuevos datos para el análisis del cainismo ibérico



Trabajadoras en una fábrica textil de Mánchester


Antonio Gálvez, Antoniet, con dos correligionarios y la bandera republicana


"Pero veamos en primer término qué parentesco podría tener la revolución cantonal con iniciativas como Venganza Popular, y ante todo con la tesis de que latinos y eslavos coinciden por querer destruir hasta los cimientos, aprovechando fuentes como el informe redactado entonces por Lafargue y Pablo Iglesias y un ensayo de Engels, que pasa revista a la prensa libertaria del momento. Una huelga general no parecía la mejor forma de saludar al gobierno de Pi, ni algo vagamente factible, y de ahí la sorpresa de socialistas y comunistas ante el Solidaridad Revolucionaria del 3 de julio [1873], que convoca una huelga general de cuatro semanas «ante el profundo horror que nos produce ver al gobierno desatendiendo la lucha contra los carlistas». Madrid, Bilbao y sobre todo Barcelona, donde se concentran nueve de cada diez obreros industriales, desoyen el llamamiento, aunque la Alianza Bakuninista demuestra su vitalidad provocando la aparición de hasta 35 cantones. […] Bakunin nunca dudó de que la revolución solo pudiera dispararla una alianza del bandidaje rural con delincuentes y lumpenproletarios urbanos, sin perjuicio de que una vez puesta en marcha esa empresa transformaría prácticamente a todos en hombres de bien. Entendiendo que la causa última del impulso criminal es la desigualdad impuesta por distintos autócratas, a esa tesis anarquista se debe que muchos cantones abran sus cárceles coincidiendo con su propia proclamación y Cartagena en concreto libera según Engels a «1.800 presos, los peores ladrones y asesinos de España»."

Capítulo 26, págs. 492 y 497

 

 






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