Una historia concreta de las crisis cíclicas de la economía desarrollada



Trabajadoras en una fábrica textil de Mánchester


Escena en el mercado de valores de Nueva York durante el pánico de 1873
La Depresión Larga duró de 1873 a 1896


"[…] pasan por alto que el problema creado con la sociedad industrial es el propio desarrollo, un modo de crecer donde prosperidad y crisis se solicitan recíprocamente; y que para los países avanzados en tal sentido la pesada cruz del caso no es alimentar a su población sino ponerla a cubierto de fluctuaciones en la confianza, cuyas fases adversas crean indigestión al acumular stocks sin salida, sobrevalorados al comienzo y devaluados al término."

Capítulo 25, pág. 481



"El liberalismo maximalista atribuye esas cuatro décadas de desaceleración, e incluso la existencia misma de ciclos económicos, a las acrobacias sin red permitidas por el papel moneda, que empezaron a acuñar bancos centrales sin necesidad de contar con el respaldo de un ahorro efectivo, y es innegable el nexo de pánicos financieros y crisis económicas en general con la expansión crediticia. Cuando la inversión se financia con capital propiamente dicho —ahorro no maquillado contablemente— la crisis carece de fundamento y no llega a ocurrir; cuando se financia multiplicando ese capital por cualquier factor —por ejemplo, si la banca mantiene un coeficiente de caja diez veces inferior a sus depósitos y recicla esos nueve décimos en forma de préstamos, o mediante «productos» exóticos como los creados por la ingeniería financiera contemporánea, supuestamente capaces de domar el riesgo sin renunciar a sus dividendos— al boom solo puede seguir un crash.[...] Ningún economista en sus cabales ha propuesto que la inversión pública pueda suplir sine die una creación privada de recursos, y la Depresión Larga evoca de un modo u otro la crisis también planetaria y quizá no menos duradera iniciada formalmente en 2008, que el banquero de los banqueros —A. Greenspan— atribuyó un año antes a la «exuberancia irracional» de décadas previas. En aquel caso, como hoy, los atentados a la confianza vuelven a mostrar que lo vital es la confianza misma, un punto de apoyo maravillosamente elástico mientras no lo congele alguna secuencia de estafas, cuyo resultado es siempre evaporar la liquidez. Sin abusos de confianza se observa el efecto inverso en medios donde hayan arraigado el espíritu de iniciativa y el librecambio, aunque ni lo uno ni lo otro previenen la irrupción en algún momento del estafador, una criatura común a todos los sistemas económicos."

Capítulo 29, págs. 538-539

 

 






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